Crónicas de ventana


Hay un chico bailando frente a mi. Está al otro lado de la ventana, en el parque del frente. Agita su cabello de derecha a izquierda mientras que la chica que lo acompaña se carcajea de risa.

La chica que ríe agita el celular que tiene en las manos, también de derecha a izquierda. Está reproduciendo una canción a todo volumen, que es la que baila el chico. Me parece que es una canción de Pulp.

 Si la felicidad tiene alguna clase de representación concreta tal vez esta escena es la correcta.

Son jóvenes, quizá no tengan más de 17.  El chico gira sobre sí mismo y cae sobre el pasto semi amarillo mientras ríe brillantemente. Me hace sonreír.

Decido buscar la canción que suena en internet. Confirmo que definitivamente es de Pulp.  Una canción con una letra un poco cruel, pero del tipo a la que cualquiera describiría como “linda”. La reproduzco, pero no me anima tanto como a este par.

Mis manos están muy blancas, mis brazos también, tomo sol casi todas las tardes, por el frío, pero ni logro calentarme, ni logro deshacerme del pálido de mi piel.

Ciertamente tengo todo un sentimiento de culpabilidad por estar aquí haciendo nada en la nada, como las pequeñas partículas de polvo que flotan justo en este momento sobre mí.

He pasado mis días entre páginas de Murakami y música realmente mala que escucho porque  sencillamente me resulta
un trabajo terrible e insostenible el tener que buscar la música perfecta.

Pienso: “haré de la canción de estos chicos mi música perfecta”, pero igual…no cuadro, no cuadro para nada. Que yo escuche esta canción no tiene sentido.

Me fumo un cigarrillo y me quedo aquí, flotando. Todavía observo a los dos chicos.

Una chica demasiado linda, un chico demasiado lindo. ¿Cómo es posible que eso exista?, quizá solo lo estoy imaginando. En principio es raro que la escena sea tan perfecta, ¿no? Llevo tantas horas sin hacer nada, que seguro estoy reproduciendo en mi mente cosas que no están.

Debería salir y caminar….pero ¿A dónde? ¡No salgo a caminar hace tanto!, no hay ninguna parte en concreto donde me sienta a gusto.

Cuando era más joven me gustaba ir a sitios donde hubiese alguna estatua o monumento en el centro del lugar. Me gustaba observar cómo, tristemente, el tiempo corrompía toda la solemnidad intencional de uno de esos monumentos.

Me gustaba ver las estatuas de espaldas, con el excremento de las aves  seco y de color blanco encima de la pose
gloriosa y heroica del personaje de piedra en cuestión. Me gustaba quedarme allí y suspirar porque sí, tejer pequeñas historias en mi cabeza en donde yo me convertía en cucaracha de la noche a la mañana o en donde aparecían personajes pequeños caminando por el suelo. Me gustaba arreglar mi propio mundo a mi antojo en mi cabeza. Me gustaba interpretar a dios con mis propias decisiones mentales.

No sé, me gustaba garabatear mi mente, usar mis impulsos mediocres y torpes para crear historias poco originales y así alentar a mi ego con algo en el que me creía buena. Pero ya nada de esto me gusta. Tampoco me disgusta; sencillamente esto ya no es algo que pueda hacer, esa etapa acabó. Acabó como otra de las tantas etapas de mi vida.

En definitiva, ese yo desapareció. Desapareció como otro de los tantos yos que existieron en mi. Ya no puedo volver, aunque sienta nostalgia, es imposible.

Creo que esta es la gran verdad existencial del que no todos quieren ser conscientes. Que uno no es uno, sino que uno es muchos. Y que esos muchos van muriendo uno tras otro de una forma tan cruel que ni siquiera podemos enterarnos. Y al final solo queda esto, otro yo que resultará tan inservible que finalmente terminará muriendo también, como todos los demás.

Uno muere casi todos los días. Y muere sin una historia definida. Uno muere sin trama, muere no por algún suceso dramático, no por un trauma, no por una razón en específica, sólo muere, sólo muere porque debe morir para continuar el ciclo extraño y absurdo de darle una significación a nuestro propia existencia. Nuestra psique renueva todo como una maquina repleta de peligrosos y complejos engranajes. Ni siquiera me atrevo a mencionar que exista algo parecido al espíritu o al alma. Creo que es más como un proceso físico, tan natural como cuando un púber descubre que de pronto eyaculó sin entender bien de qué diablos se trata todo eso, o como cuando una chica entiende que acaba de llegarle la menstruación y ahora comprende con susto y pena que debe cargar con el hecho ridículo de tener que ser una mujer.

Así que así es como es. Un día uno se despierta y si tiene la mala suerte de cargar mucha conciencia sobre cosas como estas, se da cuenta que se está muriendo, o lo que es peor, uno se entera cuando ya ha ocurrido. Va al espejo y entonces lo descubre y dice “bien, esta noche, mientras dormía, he muerto”.

Sí, uno se pasa la vida muriendo, es la verdad.

Ahora que lo pienso bien, he muerto tantas veces que hasta resulta ridículo empezar a tratar de contarlas. Me resulta bastante triste, es verdad, pero sobretodo vergonzoso.

Cada vez que pienso en alguna muerte específica de mis yos, siento algo obsceno en todo ello. Mis yos pasados han sido bastante grotescos. No digo que ahora haya dejado de serlo pero….ciertamente antes era más terrible.

Quizá lo digo porque es más fácil asumir que el pasado siempre fue terrible. No lo sé, creo que en mi epitafio se puede resumir todo lo mío en una sola palabra: “ridículo”.

No trato de sonar trágica, en verdad que no, lo ridículo después de todo no es trágico, por el contrario es la cosa más natural del mundo, es como tener acné, o descubrir una caries en una muela. Uno siente el dolor, abre la boca frente al espejo y dice “bien, lastimosamente tengo una caries, si el dentista la repara tendré una muela mitad mía mitad del dentista, pero mi muela no será la misma. Si la dejo así como está también la perderé. Así que tengo una caries y
eso significa el fin para una pequeña parte original de mi, mi muela de una u otra forma dejará de ser mi muela”. De esto se trata el ridículo.

Observo de nuevo por la ventana y noto que la chica está muy cerca del chico. Siguen reproduciendo la misma canción. El chico mira -fingiendo que no lo hace- los pechos de la chica. La chica lo sabe pero finge no darse cuenta y sonríe encantadoramente. Ambos tienen un tipo de mirada que jamás podré entender. Es como de complicidad, como de ansiedad, como de una intranquilidad deseada, disfrutada.

No lo sé, no creo ser capaz de ver a alguien de esa manera nunca, ni creo ser capaz de recibir ese tipo de mirada tampoco. Quizá me perdí de algún tipo de cosa esencial a los 17, quizá. Ahora es un poco tarde para entenderlo.

Me pongo a silbar la canción en cuestión. Miro al techo y pienso en mi último yo ¿Cómo moriré esta vez?, ¿seré capaz de notarlo?, ¿quién nacerá después?, ¿alguien será capaz de percatarse de esto y me lo dirá?, ¿alguien me advertirá?,
¿alguien me recordará que he muerto?, ¿me acordaré de esto?

Abro una cerveza y me rio. A pesar de todo he sido un poco feliz en estos cortos minutos. Aunque la escena de mi ventana ha terminado, me atrevo a sentirme un poco parte, me atrevo a concluir que he descubierto algo, aunque sé que sólo son patrañas.

Apago la música, y vuelvo al silencio. El cielo se pone naranja, y mi nariz se pone helada. Veo gente que se dirige a no sé donde, mientras yo sigo aquí, sin ir a ninguna parte, pensando en mis yos muertos, pensando en que me moriré quizá mañana, pensando, sólo pensando, y bebiendo mi cerveza tibia.

¿Seré capaz de fluir con toda naturalidad como todos los demás fluyen en la vida? Eso es lo que he estado tratando de hacer en estos últimos cinco años, lo juro. Pero todavía permanezco detrás de mi ventana, pensando, mientras seguro todos los demás hacen como la gente que observo ahora y van a alguna parte. Esto ciertamente no es sano –me río a carcajadas- pero sólo espero una cosa (aunque resulte sorprendente descubrir que realmente espere yo algo), espero, sinceramente, que mi siguiente yo no sea tan estúpido como el yo de ahora, eso es lo único que espero.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s