Nubarrones, lluvia, celebraciones y reflexiones de una desesperada

Estoy de excelentísimo humor, y no es que haya llegado a conclusiones existenciales realmente útiles en estos tiempos violentos –y eso que he meditado mucho en el baño-. Sucede que sencillamente este clima me mueve el espíritu. Las nubes, el olor a humedad, las ansias por la lluvia,….resulta claro que tengo que estar de buen humor, luego de haber pasado el resto del año con un sol enorme y cancerígeno elevado permanentemente sobre mi cabeza y con un cielo insoportablemente azul.

Por supuesto, estas fechas no son del todo gratas –nunca lo son- pero de las celebraciones podemos rescatar el ansioso bacanal con cenas espeluznantes, como a las que tanto esfuerzo le pone mi madre, y las innumerables botellas de champagne que compra mi padre. Esos dos detalles me hacen muy feliz; paso las fiestas la mayor parte del tiempo inconsciente y  ruedo por los suelos como una gran puerca luego de haber dado por satisfechos algunos de mis instintos más básicos.

Aún con todos estos detalles propios de la majadería universal y de las tradiciones antropológicas que banalmente me ponen de buen ánimo, todavía floto en mi inutilidad absoluta, pero de eso no hay mucho más para mencionar.

Definitivamente tengo un problema de sociabilidad -como han podido ver-, lo que me hace replantearme una y otra vez si está bien que yo esté aquí pretendiendo algunas cosas o forzándome en algunas otras. No lo sé, de ermitaña voy mucho mejor ¿saben?; aun así estar tan aparte a veces es molesto, a veces sencillamente se vuelve un detalle insoportable, ¿pero qué puede hacer uno cuando es una simple víctima en todo esto?,  yo me encojo de hombros y continúo aquí con cierto pesar, rascándome la nariz, tratando de sobrellevar las exigencias naturales del vivir. Así es todo, no puede evitar su cuota dramática.

Bueno, ya está. Yo sólo quiero continuar con mi plan. Cuento lo días para huir finalmente de acá., cuento lo días, pero me demoro en ejecutar las cosas que debo realizar para cumplir con mi objetivo. Soy bastante inútil con las cosas concretas, no puedo evitar lo de desenfocarme y distraerme con el panorama tras mi ventana, con mis veinte mil cigarrillos en los pulmones. Es difícil tener ganas.

Afuera una niña salta tratando de arrancar una hoja de un árbol. Por la altura de la rama, probablemente no consiga la hoja nunca. Pero la niña salta una y otra vez, está decidida, va a conseguir esa hoja. Pasa un tiempo y finalmente la niña decide irse, sin la hoja, con una cara de desconsuelo fatal. A veces me siento como esa niña, tratando de alcanzar cosas que están más allá de mis posibilidades.

La verdad yo no busco grandes cosas en mi vida. No quiero nada estrafalario ni elaborado. Sólo quiero una vida tranquila, en la que yo pueda moverme sin desaparecer, en la que yo pueda cuadrar haciendo bien las cosas, en la que yo pueda funcionar, y en donde pueda darme mi propio espacio para mis caprichos extraños. Estos que a veces me paralizan y me fuerzan a quedarme aquí con mi enorme taza de café y mi gran ventana, observando todo, y transformándolo en palabras.

Sé que lo que digo es bastante impreciso, pero es que aún es imposible para mí precisar bien algo. Por ahora lo único que tengo en claro es que debo irme de aquí, que para bien o para mal debo asumirme a mí misma sola, como debió ser desde el principio.

Veo mis papeles y los libros que debo leer para por fin acabar mi flamante tesis, y me da una pereza inmensa y entonces sé que sólo debo forzarme, que probablemente sea así conmigo siempre. Tendré siempre que forzarme indefectiblemente para hacer las cosas antes que ellas me absorban. Tengo que construir “quieros”, debo fabricar mis propios concretismos.

Pero en fin, es aburrido seguir hablando de todo esto. Yo lo sé, y ustedes lo saben mucho más.

Pero no se crean, todavía tengo ciertas perturbaciones emocionales con las que tengo que lidiar. Con las que en realidad tengo ganas de lidiar sólo para ver si me divierto un rato.

La verdad, últimamente no dejo de sentirme como la villana de la película. La que hace todo mal, la que tiene sentimientos perversos.

Quizá y es cierto que soy la villana. Aunque ya no sé si decirles si es adrede o me sale inconscientemente. Por eso, últimamente, cuando alguien me acusa, me cuesta mucho defenderme. A veces siento que todas las afrentas que me lanzan son merecidas, que son ciertas y pasivamente sonrío y hago como si no pasase nada.

Probablemente esté siendo bastante hipócrita. No lo sé, no sé cómo  hacer con este exceso de emoción violenta.

Pero en fin, escucho a SOKO y pongo como excusa a mi calendario de que no haré nada hasta que pasen las fiestas, y me quedo aquí sin hacer nada, y hablo conmigo misma y hasta sonrío.

Los desesperados deberían venir a buscarme. Haríamos un lindo grupo. A veces no es tan sano estar tan solo.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s