Are you crying Darling?

Hay cosas que no se deben decir para no despertar los instintos emo de los mozuelos sensiblones y malcriados, hijos de la influencia malsana de Justin Bieber.

Una de las cosas más horribles de esta era, es que todo el mundo tiene una opinión sobre algo. Ya, me dirán que no está tan mal ponerse “opinativo”, pero la cosa es que esas dichosas opiniones siempre tienden a lo que las grandes masas deciden por consenso y estupidez, o sea, forman parte de lo que llamamos “opiniones de las mayorías”; pero jamás toleran lo que escapa del sonido punzón, horripilante y de mal gusto del unísono de sus voces mayoritarias.

Yo casi no concuerdo con las mayorías. A veces adrede, sólo para joderlos un poquito.

Este asunto es bastante peliagudo cuando uno intenta sobrevivir en esa jungla repleta de formalismos desmesurados, a los que por algún extraño motivo han decidido denominar como “civilización”.

Si yo quiero ser una persona grande, debo hablar racionalmente, debo estrechar manos, sonreír con displicencia, saludar a los extraños por los pasillos, dedicarme al trabajo.

Sí…veo mi futuro brillante en grandes salones llenos de documentos absurdos materia del engranaje natural de la burocracia.

No me molesta tanto el papel de idiota en ese tipo de escenarios naturales en la sociedad humana, como el de tener que ser comprensiva con otros seres extraños que se dicen mis “pares”.

Me refiero a esos acostumbrados a hablar de que hay que ser emprendedores en la vida, que se creen lideres natos, que le prenden velitas a la virgen por las mañanas y se persignan para que Perú gane un maldito partido de futbol.

Si yo fuera Dios, escupiría mi ira sobre esos imbéciles que me hacen perder el tiempo invocándome en cosas tan superfluas como un maldito partido de futbol.

En fin, a esa gente yo la conozco muy bien. Son los que escriben frase de “Quien se ha robado mi queso” junto a otras del maldito de Coelho –por un momento olvide como diablos se escribía ese terrible apellido-.

Son esos que tienen una lucha de personalidades, entre esa espiritualidad extraña que los obliga a convocar a fuerzas de santos ancestrales, junto a los nombres de los que ellos denominan como visionarios y modelos a seguir, como Steve Jobs y ese tipejo que creó el Facebook cuyo nombre no quiero recordar en estos momentos.

Son esos que se leyeron todas las obras de Vargas Llosa apenas ganó el nobel, o lo que es peor, leyeron a Vallejo por primera vez, luego de que Google decidiera sacar ese horrible doodle.

Esos son mis pares. O así se supone que es todo.

Lo peor de este tipo de personas de las que les hablo, no es que existan de por sí; lo peor tampoco es toparse con ellos. Uno puede hacer un pequeño esfuerzo y tolerarlos, hasta su excesivo entusiasmo y su amabilidad maquillada puede impulsarnos a darles un par de palmaditas en la espalda, luego de unas cuantas cervezas obligadas de oficina. Lo peor es lo que dije en un comienzo, su espíritu extremadamente sensible y malcriado, su no tolerancia por lo distinto o porque alguien se haya atrevido a evidenciar el error/estupidez de alguna de sus opiniones/apreciaciones.

Por alguna razón estas personas viven siempre constantemente ofendidas.

Dentro de estos emprendedores están los activistas acérrimos, estos que se creen los grandes visionarios y que consideran importantísimo manifestar la gloria crítica –o al menos ellos la sienten muy crítica- de sus opiniones en cada trending topic de la horrible red. Son esos que creen que mezclar insultos con la palabra “creo” es elegantísimo, y que ellos tienen la verdad en las manos. Los que no opinamos igual estamos destinados a ser el centro de sus odios y prejuicios malsanos, producto de sus extraños activismos feministas, machistas, pro homosexuales o pro heterosexuales o lo que sea. Por eso odio los activismos y a los activistas de cualquier clase.

Pero en fin, el punto es que debo lidiar con todos esos extraños, esos dementes, esos idiotas, y ser amable y sonreírles y debo intentar no dañar sus tiernas susceptibilidades de niños malcriados y estúpidos. Es como cuidar que no se te salga la verdad ante un mocoso pijo y termines confesándole que no existe Papa Noel, que no existen los Reyes Magos, que no existen las Tortuninjas, ni las hadas, ni la bondad en los que están detrás del documental en contra de Kony.

Todo el mundo se ofende con facilidad. ¡Vaya broma!

Lo que creo fervientemente, es que la gente en general debería calmarse. Que al final las cosas no son lo suficientemente importantes como para ponerse tan snobs con esas cosas del “emprendimiento” o las “opiniones críticas”.

Como cantaba Queen en esa trillada y genial canción “nothing really matters…any way the wind blows”.

¿Dónde está Dios, aunque no exista?

¿Dónde está Dios, aunque no exista? Quiero rezar y llorar, arrepentirme de crímenes que no he cometido, disfrutar de ser perdonado por una caricia no propiamente maternal. Un regazo para llorar, pero un regazo enorme, sin forma, espacioso como una noche de verano, y sin embargo cercano, caliente, femenino, al lado de cualquier fuego… Poder llorar allí cosas impensables, faltas que no sé cuáles son, ternuras de cosas inexistentes, y grandes dudas crispadas de no sé qué futuro…Una infancia nueva, un ama vieja otra vez, y una cama pequeña donde acabe por dormirme, entre cuentos que arrullan, mal oídos, con una atención que se pone tibia, de rayos que penetraban en jóvenes cabellos rubios como el trigo… Y todo esto muy grande, muy eterno, definitivo para siempre, de la estatura única de Dios, allá en el fondo triste y somnoliento de la realidad última de las cosas…Un regazo o una cuna o un brazo caliente alrededor de mi cuello…Una voz que canta bajo y parece querer hacerme llorar…El ruido de la lumbre en el hogar… Un calor en el invierno… Un extravío suave de mi conciencia… Y después, sin ruido, un sueño tranquilo en un espacio enorme, como la luna rodando entre estrellas…Cuando coloco en un rincón, con un cuidado lleno de cariño –con ganas de darles besos- mis juguetes, las palabras, las imágenes, las frases –¡me quedo tan pequeño y tan inofensivo, tan solo en un cuarto tan grande y tan triste, tan profundamente triste…! Después de todo, ¿quién soy yo cuando no juego? Un pobre huérfano abandonado en las calles de las sensaciones, tiritando de frío en las esquinas de la Realidad, teniendo que dormir en los escalones de la Tristeza y que comer el pan regalado de la Fantasía. De un padre sé el nombre; me han dicho que se llama Dios, pero el nombre no me da idea de nada. A veces, de noche, cuando me siento solo, le llamo y lloro, y me hago una idea de él a la que poder amar… Pero después pienso que no le conozco, que quizás no sea así, que quizás no sea nunca ese padre de mi alma…¿Cuándo se terminará todo esto, estas calles por las que arrastro mi miseria, y estos escalones donde encojo mi frío y siento las manos de la noche entre mis harapos? Si un día viniese Dios a buscarme y me llevase a su casa y me diese calor y afecto… Pero el viento se arrastra por la calle y las hojas caen en la acera… Alzo los ojos y veo las estrellas que no tienen ningún sentido… Y de todo esto apenas quedo yo, un pobre niño abandonado…Tengo mucho frío. Estoy tan cansado en mi abandono. Vé a buscar, oh Viento, a mi Madre. Llévame por la Noche a la casa que no he conocido…Vuelve a darme, oh Silencio, mi alma y mi cuna y la canción con que dormía.

Fernando Pessoa

Plegaria

Mi corazón está lejos de la luna, de la tierra, del sol

Levito sobre todo, por sobre todo, a pesar de todo

Necesito que me cosan, que me peguen, que me claven

Aquí es otra cosa…

Los contenedores son importantes

Si no quieres que se echen a perder las cosas…

Cables telefónicos

A veces siento que me voy por el drenaje. Que el futuro consiste en eso, ¿saben?, en esto de irse por el drenaje y agitar los pies en el aire con todo el drama que nos corresponde por este exceso de emoción absurda que uno nunca sabe para qué sirve y que uno nunca sabe dónde poner.

Sí, siento que me ahogo, que mi cabeza está atascada, y que no hay forma de retroceder. Luego despierto, asustada, agitada, temiendo porque mi pesadilla haya sido un reflejo metafórico de la realidad.

No sé. Últimamente ando por allí, en los rincones, cabizbaja, fumando mucho, agitando las manos en mis bolsillos vacíos, sin saber qué hacer, observando mis papeles… la tesis que voy a presentar pronto; comparándome frente a los demás, sintiéndome mucho menos por esta falta de ambición.

Soy mediocre en muchos aspectos. He vivido tan apegada a mis paredes que no he podido ver más allá. En serio, esto ha creado carencias fundamentales en mí. No puedo ir en línea recta como todo el mundo, no puedo seguir a la tropa, yo me paro para morderme la uña, para observar a las margaritas.

¿Adónde me lleva todo esto?, ¿Adónde?

Es como si hubiese engañado al mundo durante mucho tiempo, y estuvieran por descubrir pronto mi gran mentira. He sido una hipócrita. He dicho que me gustaba marchar, he dicho que tenía expectativas, he jurado, he jurado….pero ahora estoy aquí, agitando los pies, con la cabeza atascada en el desagüe. Todo se va por el retrete, yo también.

¿Exagero?

Tengo pánico, por dios, tengo pánico. De que se descubra mi completa inutilidad en el mundo, y mi obvio desinterés por las cosas. Yo todavía no sé bien nada….no sé bien nada…

Y he maldecido a la lluvia, y he hablado con el dios en el que no creo sólo por si acaso, y he fruncido el ceño, y me he “esforzado”, me he esforzado…

¿Debo esperar algo?

No soy nada poética con las descripciones, lo siento.

Pero me adormezco, mientras me acomodo en el asiento trasero del auto de mi viejo, y él conduce en silencio. Me adormezco mientras me dedico a observar los cables telefónicos y me concentro en la música de mis audífonos. Me adormezco, mientras las pequeñas figuras del mundo se diluyen en la calle con sus besos, sus caricias, sus majaderías. Y yo siento que mi corazón es más grande y más deforme a propósito. Que alguien como yo es un error en esta historia a propósito, que personajes como yo servimos exclusivamente sólo para esto, para atestiguar cómo los demás discurren, como si fueran una especie distinta, mientras nosotros perdemos conexión con el todo.

Soy tan ajena a todo esto….que ya no sé bien qué espero…

Esa frase, la que escuche hace mucho, vuelve a colarse en mis recuerdos: “si alguien me pregunta qué quiero me pondría a llorar…”

Quisiera al menos poder hacer algo como eso, estoy demasiado cansada y esto me ha puesto insensible…los cables telefónicos lo son todo….silencio, el ruido del motor, el ingreso a la inconciencia, el sueño…

Cuanta culpa…

En mi vida he tenido numerosos ataques de culpa. Supongo que el tiempo de la victimización siempre es temporal y posteriormente evoluciona a la crisis de culpabilidad. No es sano, al igual que la victimización, pero es algo irrefrenable en el instante de la crisis, casi inconsciente.

Hoy en día no es que me haya deshecho de la culpa. Por allí está, medio acusándome con el dedo gordo y mugriento. Pero es más fácil ponerse un poco más insensible. Ya saben, encogerse de hombros, sonreír con torpeza, suspirar, y aceptar las cosas sin otra alternativa.

Yo reconozco que soy a la vez culpable y a la vez víctima.

Pero así es el mundo. Así son las circunstancias. Así es la vida.

El siguiente paso consiste en proyectar las frustraciones contra alguien para intentar sacudirse de tanta aflicción. Funciona en cierta medida; es esto de focalizar los odios en un solo punto, de culpar a otro. Pero al final los resultados siguen siendo los mismos, la situación no se altera, la porquería continúa allí, imperturbable, flotando eternamente en esa cosa llamada “alma” que uno nunca sabe para qué sirve y que uno nunca se entera si por casualidad tiene fecha de caducidad.

Yo presiento que la mía ha caducado hace tiempo, y eso explica tanta impasividad en mí.

Igual y cojo los dardos, apunto al blanco y grito a veces, con la flema estallando en mi garganta “Viejo, has sido realmente un hijo de puta”, y ya está. Luego retornan los pocos recuerdos agradables de la infancia, como cuando uno jugaba con sus barbies de plástico, o como cuando uno creía que encontraría duendes mágicos en el jardín…tratando así de acaparar los recuerdos malos, esos que nos dejaron medio torcido el corazón por siempre, y que pesan en la afirmación que nos hacemos todas la mañanas frente al espejo con desesperanza: “yo nunca seré normal

En fin, son las cosas tristes que pasan, porque en la vida siempre tienen que suceder. Me pregunto, si alguna vez podré desprenderme de estas actitudes tan cobardes, de este extremismo que tengo por ser pesimista, vulgar, impaciente, y muchas veces vil.

Me pregunto si alguna vez  podré llegar al punto de no sentirme más oprimida por estos recuerdos…

Me pregunto, me pregunto…

La última estocada

El 2011 se va nubloso, literalmente, lo que paradójicamente grafica en términos poéticos, lo que fue y lo que significó para alguien como yo que siempre he vivido rebuscando en mis bolsillos vacíos.

Querido 2011, yo te acuso por todas estas contradicciones emocionales, por mis ataques de pánico, por esta insoportable crisis existencial que creí haber superado.

No voy a ser amable en palabras, ni siquiera voy a intentarlo. A diferencia de la efectividad del instinto de conservación que tan claro está en otros de mi misma especie, que los lleva a borrar automáticamente los recuerdos malos y conservar los buenos, yo conservo los malos, porque sé que son ellos a los que debo disparar, son ellos a los que debo atacar.

Y entonces, me quejo por esta repentina sensación de inutilidad absoluta, de no progreso. Me quejo y zapateo mientras me tomo mi café caliente y admiro la neblina tras mi ventana.

Como diría Charly, creo que he muerto muchas veces, acribillada en la ciudad. No me queda claro si llegaré a ser verdaderamente alguien, ni si verdaderamente aquello importa. Pero al menos esta sensación y este fastidio deben cesar.

2011, me has dado duro en el orgullo, has abusado de mis imposibilidades metafísicas, me has dejado sola, y aun así te has atrevido a empujarme, a tomarme del rostro para forzarme a ver todas aquellas cosas que no he querido ver, por cobarde, por gallina, por querer refugiarme en mi burbuja autocomplaciente de una chica que se cree aún adolescente.

Ha sido para bien, a pesar de la crueldad manifiesta, ha sido para bien.

Y porque sé que lo que te mata, te mata, y porque sé que uno debe obligarse a vivir de otras formas menos mortales, es que he decidido hacer el esfuerzo de existir sin mucha violencia ya, sin mucha contaminación en el alma, sin mucho conflicto, con las manos desnudas, desarmada. Una pelea limpia, una pelea justa, vamos 2011, terminemos de una vez.

Has ganado con la última estocada, pero esta historia no termina, lamentablemente los finales no siempre son tan simples.

Vendrán años mejores, aunque me vea obligada a forzar sus mejorías.

El tiempo de la pasividad ha acabado.

Bienvenido el abismo

Feliz fin del mundo!

”El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo.”

Nubarrones, lluvia, celebraciones y reflexiones de una desesperada

Estoy de excelentísimo humor, y no es que haya llegado a conclusiones existenciales realmente útiles en estos tiempos violentos –y eso que he meditado mucho en el baño-. Sucede que sencillamente este clima me mueve el espíritu. Las nubes, el olor a humedad, las ansias por la lluvia,….resulta claro que tengo que estar de buen humor, luego de haber pasado el resto del año con un sol enorme y cancerígeno elevado permanentemente sobre mi cabeza y con un cielo insoportablemente azul.

Por supuesto, estas fechas no son del todo gratas –nunca lo son- pero de las celebraciones podemos rescatar el ansioso bacanal con cenas espeluznantes, como a las que tanto esfuerzo le pone mi madre, y las innumerables botellas de champagne que compra mi padre. Esos dos detalles me hacen muy feliz; paso las fiestas la mayor parte del tiempo inconsciente y  ruedo por los suelos como una gran puerca luego de haber dado por satisfechos algunos de mis instintos más básicos.

Aún con todos estos detalles propios de la majadería universal y de las tradiciones antropológicas que banalmente me ponen de buen ánimo, todavía floto en mi inutilidad absoluta, pero de eso no hay mucho más para mencionar.

Definitivamente tengo un problema de sociabilidad -como han podido ver-, lo que me hace replantearme una y otra vez si está bien que yo esté aquí pretendiendo algunas cosas o forzándome en algunas otras. No lo sé, de ermitaña voy mucho mejor ¿saben?; aun así estar tan aparte a veces es molesto, a veces sencillamente se vuelve un detalle insoportable, ¿pero qué puede hacer uno cuando es una simple víctima en todo esto?,  yo me encojo de hombros y continúo aquí con cierto pesar, rascándome la nariz, tratando de sobrellevar las exigencias naturales del vivir. Así es todo, no puede evitar su cuota dramática.

Bueno, ya está. Yo sólo quiero continuar con mi plan. Cuento lo días para huir finalmente de acá., cuento lo días, pero me demoro en ejecutar las cosas que debo realizar para cumplir con mi objetivo. Soy bastante inútil con las cosas concretas, no puedo evitar lo de desenfocarme y distraerme con el panorama tras mi ventana, con mis veinte mil cigarrillos en los pulmones. Es difícil tener ganas.

Afuera una niña salta tratando de arrancar una hoja de un árbol. Por la altura de la rama, probablemente no consiga la hoja nunca. Pero la niña salta una y otra vez, está decidida, va a conseguir esa hoja. Pasa un tiempo y finalmente la niña decide irse, sin la hoja, con una cara de desconsuelo fatal. A veces me siento como esa niña, tratando de alcanzar cosas que están más allá de mis posibilidades.

La verdad yo no busco grandes cosas en mi vida. No quiero nada estrafalario ni elaborado. Sólo quiero una vida tranquila, en la que yo pueda moverme sin desaparecer, en la que yo pueda cuadrar haciendo bien las cosas, en la que yo pueda funcionar, y en donde pueda darme mi propio espacio para mis caprichos extraños. Estos que a veces me paralizan y me fuerzan a quedarme aquí con mi enorme taza de café y mi gran ventana, observando todo, y transformándolo en palabras.

Sé que lo que digo es bastante impreciso, pero es que aún es imposible para mí precisar bien algo. Por ahora lo único que tengo en claro es que debo irme de aquí, que para bien o para mal debo asumirme a mí misma sola, como debió ser desde el principio.

Veo mis papeles y los libros que debo leer para por fin acabar mi flamante tesis, y me da una pereza inmensa y entonces sé que sólo debo forzarme, que probablemente sea así conmigo siempre. Tendré siempre que forzarme indefectiblemente para hacer las cosas antes que ellas me absorban. Tengo que construir “quieros”, debo fabricar mis propios concretismos.

Pero en fin, es aburrido seguir hablando de todo esto. Yo lo sé, y ustedes lo saben mucho más.

Pero no se crean, todavía tengo ciertas perturbaciones emocionales con las que tengo que lidiar. Con las que en realidad tengo ganas de lidiar sólo para ver si me divierto un rato.

La verdad, últimamente no dejo de sentirme como la villana de la película. La que hace todo mal, la que tiene sentimientos perversos.

Quizá y es cierto que soy la villana. Aunque ya no sé si decirles si es adrede o me sale inconscientemente. Por eso, últimamente, cuando alguien me acusa, me cuesta mucho defenderme. A veces siento que todas las afrentas que me lanzan son merecidas, que son ciertas y pasivamente sonrío y hago como si no pasase nada.

Probablemente esté siendo bastante hipócrita. No lo sé, no sé cómo  hacer con este exceso de emoción violenta.

Pero en fin, escucho a SOKO y pongo como excusa a mi calendario de que no haré nada hasta que pasen las fiestas, y me quedo aquí sin hacer nada, y hablo conmigo misma y hasta sonrío.

Los desesperados deberían venir a buscarme. Haríamos un lindo grupo. A veces no es tan sano estar tan solo.

Carta a mis ex amigos (los que saben que lo son y los que aún no han querido enterarse)

Estimadas comadrejas. Me dirijo a ustedes, con todo el poco de ternura que pueda tener mi alma, con toda la desvergüenza del caso y con todo el ácido humor que motiva este tipo de situación. Este no es un anuncio de guerra, no se equivoquen, ni mucho menos voy a manifestarles algún tipo de rencor. Esta es una carta pública aclaratoria de lo que es, de lo que fue y de lo que ya no podrá ser.

Entiendo que hayan tenido diversos motivos personales –y muy bien analizados- para haber decidido dejarme de lado. Lo sé y no los culpo. Sé que hay mil millones de razones para aburrirse de alguien como yo. Sé que soy torpe, poco amable, de espíritu caudillista, intransigente, contradictoria y pesimista. Sé que mi filosofía poco tolerable de lo que el consenso social ha determinado como tolerable, no les ha ayudado a soportarme. Sé que mis exigencias culturales, intelectuales y mi espíritu huachafo han colmado sus hígados de bilis. Sé muy bien cada una de las cosas que han considerado, y les doy toda la razón del mundo y hasta felicito tan acertada decisión. Yo en sus zapatos hubiese hecho exactamente lo mismo. Los he subestimado, son más inteligentes de lo que hubiese podido considerar alguna vez.

Pero ya, en serio, además de mis defectos evidentes, sé que les he fallado como “amiga”. Sé que nunca he podido interesarme por completo por sus vidas, que he sido poco cómplice de sus almas y que no he podido serles de utilidad o de consuelo en ningún tipo de ocasión. Esta circunstancia quizá sea la más grave de todas las mencionadas, y por ello sólo me queda carraspear y soltarles un “lo siento”, con toda la inutilidad del mundo, pues mis complejidades metafísicas me han impedido el poder socorrerlos y cumplir con mi deber amical. Como les mencioné alguna vez, vivo tan en otra parte que inevitablemente fallo, y por ello no tengo reproche alguno sobre sus sabias determinaciones. Han tenido motivos de peso para descartarme de sus listas existenciales, y yo lo admito  como un pecador frente a un cura en pleno acto de confesión.

Pero no esperen ahora que me vaya tranquilamente con mis tres padres nuestros y mis cuatro ave marías. No esperen un amén de mi parte, ni ningún ruego, porque si bien dije que no tengo reproche alguno, no lo tengo respecto a su decisión, pero tengo algunos más respecto a otras cosas.

Lo que no tolero y no podré tolerar jamás es que se hayan atrevido a hacerme el falsísimo acto de la desaparición forzada para apartarme de sus vidas. Eso, señores, es pura hipocresía. Eso es un juego macabro de niñitas malnacidas. Lo único que he pedido siempre a alguien es que tenga las pelotas de soltarme sus porquerías en mi cara. Si me odias, me detestas y te aburro, anúnciamelo, patéame, escúpeme en la cara, pero no te portes como un avestruz y ocultes la cara en tu agujero patético. Yo no busco problemas con nadie, ni mucho menos intento incentivar el drama, lo que busco es un poquito de sinceridad, un poquito de agallas, un poquito de dejarnos de tantas patrañas de bastardos.

Eso siempre lo he dejado en claro. Pero comprendo que hayan podido olvidarse de este requerimiento especial que siempre les he exigido. Lo comprendo y por ello no les guardo rencor. Me limito a señalarles con el dedo que también han cometido un grave error, me limito a señalarles que son y quizá siempre fueron bastante hipócritas también, que se les han soltado los calzones y que han perdido toda elegancia, o al menos un acto de mínima dignidad. Les informo, que cuando uno rompe relaciones diplomáticas lo anuncia, de eso se trata todo esto, pero si no lo supieron, bueno, lo saben ahora.

Como ven, quizá yo también haya tenido razones de peso para alejar mi existencia de la de ustedes, pero siempre fui paciente sencillamente porque jamás pido lo que no puedo dar. Pero en fin, supongo que no todo el mundo se percata de ciertas esencialidades de la vida, y lo lamento y me lamento, y que pena y que fastidio, y al demonio con todo esto, y ya está, ya se los dije, la próxima vez que me vean, intenten insultarme un poquito, sólo para hacerme acordar que de pronto ahora he pasado a tener el honor de ser el blanco de sus odios, de sus malos deseos y demás sentimientos sombríos que son impulsados por el simple desagrado.

Aún con todo esto, les deseo a todos que les vaya muy bien. Muy al contrario suyo, y a pesar de la pequeña descortesía que acaban de hacerme, no los odio, ni los detesto, ni los considero del todo seres dignos de mi rencor. Ciertamente, mi consideración por ustedes ha decaído, pero no puedo llegar a odiarlos, porque a diferencia de lo que pasó con ustedes, yo nunca sentí que algo haya ido mal en todo esto, jamás lo percibí, jamás lo entendí, y lo único que me brindó pistas del resquebrajamiento de nuestra relación, fue este tiempo de comunicación interrumpida, de falta de manifestación existencial y de sus evidentes actos e intenciones de ignorarme. Así me he enterado, ¡vaya broma!, ¡vaya bajeza!, ¡vaya acto de cobardía! Sólo en este sentido, en este acto tan bajo y poco tolerable sí debo decir que me han desagradado, me han desagradado en demasía.

Y ya que me han desagradado finalmente, y puesto que alguien tiene que poner el punto final, – ya que ustedes no se han atrevido a tener la decencia de hacerlo-, lo hago yo en este momento y rompo públicamente relaciones diplomáticas con todos ustedes –saben muy bien a quienes me refiero-. Ya pueden ir en paz, ya puedo ir en paz.

Y en fin, todo baile acaba inevitablemente y este bailecito hace rato que acabó. Pero yo muy digna –dentro de todo lo que pueda considerarse en esta situación- sólo puedo limitarme a decir lo que dijo Sartre alguna vez: “Aunque es usted absolutamente insoportable, también es mi “prójimo”, por la fuerza de las cosas”

Atte. Su nueva ex amiga, Calamidad

Pataletas

Hace tiempo que tengo una sensación de amor y de odio con este mi blog confesionario. Yo entiendo y sé que sus motivos existenciales puedan resultarles muy banales a todos ustedes, pero dentro de todo, su finalidad terapéutica le ha servido a esta acumuladora de palabras que tan obsesionada está en darles formas –y me estoy refiriendo a mi misma, su humilde servidora-.

A pesar de lo que digo, reitero lo de la idea de la sensación de amor y odio. Y es que a veces, sencillamente me desespero con todo esto. Tengo oculta mi identidad, aunque no tan bien oculta para muchos, y a veces es del todo vergonzoso.

Aquí estoy, anunciando que soy de las personas que se hacen pichi en los calzones –por esto del miedo-, una gallina consumada. Sí, es cierto, mis ataques de sinceridad no ayudan cuando tengo cosas que esconder frente a otros. Pero al final, por ahora soy sólo esto. Desearía contarles que soy más interesante o que hago cosas importantes, o que soy una cómica fatal…pero no ocurre. Soy como un chimpancé ansioso, que como ya lo mencioné, acumula palabras, frases e ideas reiterantes sobre la misma crisis una y otra vez.

TENGO EN SERIO LA MISMA CRISIS UNA Y OTRA VEZ.

Hoy revisaba mi blog haciendo clic en artículos al azar. Hace 2 años que vengo hablando de esa cosa llamada “futuro” y en cómo me aterraba todo ello. Hoy propiamente hablando estoy dentro de ese “futuro” del que tanto hablé hace dos años, y es tan molesto saber y asumir ahora que todo pasó como una ráfaga absurda que sólo terminó despeinándome, y que la incertidumbre sigue en su mismo grado y magnitud, y que al final todo sigue sin ocurrir, y que mis planes están en stand by…es frustrante, en serio.

No sé, cómo hace el resto. Siempre los veo tan felices, conservando la compostura, sonriendo de más, logrando cosas a montones y besuqueándose con el universo. El resto siempre se ve estúpidamente feliz cuando uno está en plena pataleta, y uno sólo atina a asumirse como alguien sumergido en la queja eterna existencial, y créanme que yo no quiero ser así, pero esto de que no pasa nada me está aterrando aún más y total ya no sé nada.

-PIENSE USTED AHORA EN TAXIS AMARILLOS Y PERRITOS DE CABEZAS MÓVILES-

No soy nadie para creerme que merezca yo muchas cosas, tampoco he sido muy noble, ni una persona de grandes esfuerzos. Pero, para variar el asunto, debería al menos tener una cosa concretamente satisfactoria en este cuento, ¿no creen?, y yo la necesito y la quiero, porque no quiero borrarme, ya les dije, no quiero borrarme y sin embargo cada día siento que me borro más.

Pero así es todo, y lo único que veo por ahora frente a mi es una puerta cerrada con un enorme letrero con un solo mensaje: “ESPERE”

¿Cuánto más?

En serio, debo salir de esta ciudad ya.

-UNA PALOMA PASA VOLANDO FRENTE A MI CON SOLEMNIDAD Y SE CAGA SOBRE EL JARDÍN EXCESIVAMENTE CUIDADO Y PROTEGIDO POR MI PADRE-

Informando, ahora, sobre otros panoramas. No hay mucho más. Mi alma está repleta –ya no de escorpiones- pero si está apolillada. No hay amores, ni glorias, ni grandes batallas, ni odios, ni vergüenzas flemáticas, ni nostalgias infinitas, ni ganas de algo en concreto.

Me fumo un cigarrillo, me muerdo el pulgar derecho, y sonrío contemplando todo lo que discurre allí abajo.

Se me viene una frase de Houellebecq a la cabeza: “¿Ves a esas criaturas de allí?, ¡son hombres!”. En serio, que dificultoso es esto de las existencias.

A continuación sorbo mi té, y acaricio a mi gato, prendo la tele, y veo las noticias sólo por mi fea afición por el masoquismo.

Y tiemblo un poco, porque hace frío, y nadie me ha ofrecido nunca prestarme un suéter. Tiemblo un poco porque tengo pesadillas, y porque debo escribir una carta a un ex amigo, y publicarla aquí, para alivianar mi ego y la traición que he recibido, pero no me atrevo, no me atrevo.

Y así se me escapa el sábado que se ha convertido ahora en domingo. Y releo estas líneas y me reprendo por estúpida.

Disculpen ustedes. Mi estupidez es crónica y aún no me han recetado ninguna pastilla.

Odiseas

A little bit of attention and I start to yell…why?, why you do this to me?

 

Mi garganta explota en la escena más inverosímil del universo. Digo yo inverosímil porque me juzgo como el único punto patético al que pueden pasarle estas cosas.

Pienso ahora en las tripas del sapo de aquella historia que me relato mi tía, con el pobre bicho ese bajo las ruedas de un camión gracias a la crueldad infinita de la curiosidad de los tétricos niños.  Pienso en todo lo que no me corresponde pensar. Soy una aspiradora de recuerdos, de vivencias. Me las robo todas, todas; yo, un alma coja, victima del ya trillado titulo que conserva el todo: El mundo cruel, el universo imperfecto, los huecos de la existencia y demás etcéteras macabros que hacen de mi estadía en este planeta algo pintoresco.

Yo debí ser Ziggy Stardust o algo así, tarareando la dolorosa canción esa Can you hear me Major Tom, can you hear me major tom?, can you hear me?… ¡es el fin del mundo!

Yo debí ser Rumpeltinski, aprovechándome de la bondad o idiotez (hay una línea muy fina entre la idiotez y la bondad) de alguna estúpida princesa con anhelos de linaje real.

Yo debí ser el cruel Johnny Walker de Murakami (en “Kafka en la Orilla”) que se dedicaba a asesinar a los pobres gatos para dejar manifiesta su perversión.

Yo debí ser…cualquier cosa menos yo. Es aburrido ser yo, por eso me divierte poner caras muy distintas y contradictorias a la mayoría de gente con la que me relaciono.

No soy muy madura, nunca lo fui y nunca entendí en qué consiste eso de madurar.

Yo ya pasé formalmente la adolescencia, y digo “formalmente” porque aún adolezco de muchas cosas, lo cual me convierte quizá en uno de los seres más torpes de este torpe planeta.

Yo siempre manifiesto y demuestro mi estupidez. Me parece más apropiado anticiparme y gritar que soy estúpida por adelantado antes que el resto se percate.

En definitiva, me quedé atascada en los 17 años. No crucé la barrera que hace a alguien asumir  una realidad propia. Todavía le tengo miedo a mis fantasmas, todavía observo idiota, perpleja, y con una impotencia propia de la inutilidad de todo esto, el pasado, como si no me creyera nada de todo lo ocurrido en estos últimos años. Sigo encerrada en una burbuja repleta de subjetividad absoluta, y no puedo procesar nada más, todo el mundo avanza a pasos agigantados, pero yo sigo abrazando mi almohada, mientras el presente me ataca con una enorme patada en los dientes.

Sí, todo esto es mi verdad y explica en muchas cosas mi inestabilidad y mi tontería.

Quizá por eso no me animo a tomar partido por algo. Quizá por esto tiendo a ignorar muchas cosas molestas que me obligan a asumir o tomar responsabilidad por algo. Prefiero dar un paso al costado y creer que nada tiene que ver conmigo, prefiero encerrarme en mi habitación y comerme las uñas.

Hoy escribo todo esto mientras me sujeto de mi silla y mordisqueo una galleta. Me cuesta mucho acomodarme, porque ayer rodé por las escaleras y me golpee muy fuerte la espalda.

Es un hecho, cada que salgo doy todo un espectáculo. Me queda bien hacer de payaso y esta vez cumplí con mi papel con una pose estrafalaria motivada por el alcohol, soy un desastre.

En realidad, todo ha ido caricaturescamente mal en estos días, es como si una nube negra me persiguiera por donde voy. Piso cáscaras de banana, soy golpeteada sin querer, cometo errores intelectuales por fallas en mi percepción, pierdo dinero, me orinan los perros. Quizá debería considerar hacerme un baño de florecimiento o algo así; que la doctora Kunti me pase el cuy y cure mi suerte de los espíritus maléficos. Quizá debe ser alguna conspiración astrológica – planetaria, quizá estoy posesa por demonios extraños. Todo es probable.

Ahora, lastimada y más bruta de lo normal, me lamento por todo y por mis fallidas introspecciones que me llevan a concluir sobre nada, me lamento soltando palabras corrosivas y llenas de enfermedad, pero también me lamento conteniendo la risa, porque a pesar de lo lastimoso que puede resultarme el contexto y los últimos acontecimientos, todavía me causa algo de gracia.

Cigarrillos

“Me encanta fumar. Fumar un cigarrillo es como…olvidar. Cuando apuro la colilla es todo lo que tengo. Encender, fumar, callar las cagadas. Oculta la mierda, el humo oculta la mierda. Los hay de mentol y de vainilla, hay quienes les gustan. Tabaco mentolado, tabaco de vainilla, cigarros de chocolate, cigarrillos, cigarrillos. Los cigarrillos evitan que me vuelva loca. Me mantienen viva…me mantienen viva hasta que muera”

Marie, “Les amours imaginaires”

Esto de vivir…

Bueno, creo que ya soy una persona grande. Definitivamente soy grande si contamos con mis datos biológicos. Aun así, a pesar de que no sé mucho del alma, sí puedo decirles que mi psique sigue tal cual como se quedó cuando cumplí 13 años. No sé si esto sea un problema real, pero digamos que al menos frente al todo social ya soy una persona verdaderamente “grande”. Recién me he percatado de esto y me ha sorprendido.

Esta es la única afirmación que puedo hacer, luego de todos estos días que me han apaleado durante este tiempo de ausencia.

Afuera, todo sigue insoportablemente normal.

En realidad estoy emocionada por dejar de una vez por todas a esta maldita ciudad. La ciudad no tiene nada personal en contra mía ni yo en contra de ella, pero sencillamente ya no hay forma de que pueda seguir tomando el aire de este lugar; ni la ciudad me lo permite, ni mis pulmones tampoco.

Así que este es mi gran plan maestro, huir pronto. Lo que me había propuesto desde el principio

Definitivamente, me tranquiliza más cuando tengo un plan. La incertidumbre sencillamente es el cadalso para mí. Por cierto, que con esto no digo que sea yo una persona de grandes planes, en realidad me es muy difícil elaborar alguno.  Pero cuando cuento con uno puedo moverme, como en un videojuego, es sólo hacer esto y bam!, todo listo. Me gusta así, al menos tengo algo de control.

Pero en fin, supongo que en este sentido, se podría decir que todo va viento en popa.

Ahora, respecto a mi situación con la jungla humana con la que comparto territorio en esta ciudad, no ha ido muy bien (¡para variar!). Tampoco es que haya peleado con alguien específicamente, pero últimamente se han oxidado cualquier tipo de canales comunicativos que haya podido yo tener antes con alguien. Es inútil, lo intento pero fracaso. Así que ahora me recluyo con mi plan maestro, cuidándome del todo social, del excesivo ataque emocional. Trato de mantenerme serena, veo a mi pared vacía y digo “ohm-ohm” probando a ver si eso me lleva a alguna parte.

Todavía no voy a ninguna parte, definitivamente, pero si voy ya les digo.

He tenido pequeños ataques de pánico, también he sentido cierta nostalgia por ciertas personas. No voy a negarlo. Pero es como lo escribí alguna vez, es porque siento que “todos los que he odiado u amado se han ido” y esto me encabrona. Me encabrona no porque particularmente los haya amado u odiado, sino que me encabrona porque precisamente se han ido. Yo también quiero irme, ya, de una vez, a un sitio donde pueda sentarme tranquila a tomar un café sin el miedo de que la ciudad me absorba, me vomite y me aplaste y me encuentre con alguien conocido que me destruya el buen humor con un simple “hola”.

La verdad es que pensé que ya había superado varios de mis problemas de sociabilidad, pero no ha ocurrido así. La gente que menos espero desaparece así como así y eso me desconcierta, me hace preguntarme un montón de cosas que me aterran, pero luego lo dejo así. Hay cosas que no entiendo, esto es todo. Y me da miedo llegar a entenderlas. Prefiero deslizarme, cerrar los ojos, atenerme a la idea de que no hay nada malo. Yo soy así…no quiero sangrar, no me gusta el “bang-bang”.

Así que ahora lo que hago para matar el tiempo, además del “ohm”, que no me lleva a ninguna parte, es ignorar lo que me molesta. Hago una mueca y luego le pongo atención a otra cosa. También trabajo duro para que mi plan maestro se lleve a cabo. Me he convertido en una personita bastante anónima, es la verdad.

Y así, siendo nada grandiosa, como un fantasma, pero un poco más serena, sobrevivo los últimos meses de este hueco año 2011. Todavía me refugio en algunas palabras de Salinger, y me atrevo a soñar que voy de la mano con Seymour a contemplar los peces plátano.

Esas pequeñas cosas, que pueden parecer extremadamente insignificantes y hasta banales, me alegran lo días. Esto y el perfume del café, una buena canción de Elliott Smith, un cigarrillo y el progreso de mi plan maestro, hacen que se confirme cada día más mi estadía en este mundo.

Lo cierto es que a pesar de que todavía no tengo muchas ganas de quedarme, quiero llegar a poder decir algo como eso en un futuro no muy lejano; quiero poder a llegar a decir que estoy bien o que lo hago bien…con esto de vivir.

No te creo

Las noblezas del espíritu

Lo éxitos de traje y corbata

Los chicos rubios y encantadores que sonríen en las pancartas publicitarias de los cursos de liderazgo dictados por gente que uno no sabe de qué coño son líderes

Los mensajes de aliento y de visiones positivas de la vida

Las tarjetas de felicitación

Las frases de ensueño sobre el futuro

La brillantez de los progresistas

Todo ello me confunde y me da asco

Me confunde y me ponen incrédula

No entiendo de éxitos ni de progresos

No soy visionaria, no le tengo fe a nada

Pero aquí todo el mundo te jalonea y te sonríen con sus dientes recién estrenados luego de un caro proceso de blanqueamiento

¿soy mezquina por no creerme esto?

¿soy mezquina por dudar de todo aquél que me sonríe de más y que se pinta como el personaje perfecto de alguno de esos libros de la ilustración, en estado de plena búsqueda de la felicidad?

Perdón, dudo mucho.

Si alguien me sonríe de más, si alguien me da la mano, si alguien me invita el té, dudo

Y hasta siento un cierto desprecio, y me siento orgullosa de ser nadie, con mis imperfectos dientes amarillos y mi cara redonda y mi traje arrugado, y mi currículum vitae lleno de espacios vacíos, sin ambiciones ni delirios.

¿qué hace uno cuando lo arrojan a la jauría de estos lobos, que probablemente no son verdaderos lobos, pero que mi paranoia y mi exceso de ego anti todo me hace asimilarlos como mis enemigos?

Yo no creo en muchas cosas

Me protejo en mi “no creo”

La nada a veces es un buen lugar

Como decía Childish: “todos hablan del mismo dios y se ponen furiosos cuando apartas la mirada”

Tedio

Dime, dios -o quizá demonio- ¿qué se hace con el tedio?

¿Cómo debo sacudirme para librarme de tan burlona maldición?

Dime, dios –o quizá demonio- ¿cómo se cura uno del asco?

De la pesadumbre extraña que me mantiene en cama, que me ata y me condena a vivir en suspenso, sin vivir, por vivir

Y me anula los futuros y los consejos de gitanas

¿Cuál es el destino del tedio?

Es peor cuando te muerde la nada

Cuando balbuceas nada

Cuando sufres, sudas y orinas nada

Dime, demonio, ¿cómo hiciste tú con el tedio?