A propósito del 11 de Setiembre…


Sin ánimo de causar ofensas, ni de despertar rencores pasados conviene pensarlo un rato, conviene pensar:

“¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente ver que el horror estalla en tu patio y no en el living del vecino? ¿Cómo se siente el miedo apretando tu pecho, el pánico que provocan el ruido ensordecedor, las llamas sin control, los edificios que se derrumban, ese terrible olor que se mete hasta el fondo en los pulmones, los ojos de los inocentes que caminan cubiertos de sangre y polvo.

¿Cómo se vive por un día en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? ¿Cómo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos habían muerto 80.000 hombres mujeres y niños. Otros 250.000 morirían en los años siguientes a causa de las radiaciones. Pero ésa era una guerra lejana y ni siquiera existía la televisión.

¿Cómo se siente hoy el horror cuando las terribles imágenes de la televisión te dicen que lo ocurrido el fatídico 11 de septiembre no pasó en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 años atrás, había muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes habían planeado.

También fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salían a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

¿Sabías que entre 1824 y 1994 tu país llevó a cabo 73 invasiones a países de América Latina? Las víctimas fueron Puerto Rico, México, Nicaragua, Panamá, Haití, Colombia, Cuba, Honduras, República Dominicana, Islas Vírgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes están en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentágono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepción de Pearl Harbor cuando la aviación japonesa bombardeó la Séptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imágenes por televisión o escuchaste los gritos porque estabas esa mañana en Manhattan, ¿pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos años? En Manhattan, la gente caía desde las alturas de los rascacielos como trágicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm seguía quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caían en un salto desesperado al vacío. Tu aviación no dejó una fábrica en pie ni un puente sin destruir en Yugoslavia. En Irak fueron 500.000 los muertos. Medio millón de almas se llevó la Operación Tormenta del Desierto…

¿Cuánta gente desangrada en lugares tan exóticos y lejanos como Vietnam, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Angola, Somalia, Congo, Nicaragua, Dominicana, Camboya, Yugoslavia, Sudán, y una lista interminable? En todos esos lugares los proyectiles habían sido fabricados en factorías de tu país, y eran apuntados por tus muchachos, por gente pagada por tu Departamento de Estado, y sólo para que tu pudieras seguir gozando de la forma de vida americana. Hace casi un siglo que tu país está en guerra con todo el mundo. Curiosamente, tus gobernantes lanzan los jinetes del Apocalipsis en nombre de la libertad y de la democracia. Pero debes saber que para muchos pueblos del mundo (en este planeta donde cada día mueren 24.000 pobladores por hambre o enfermedades curables), Estados Unidos no representa la libertad, sino un enemigo lejano y terrible que sólo siembra guerra, hambre, miedo y destrucción. Siempre han sido conflictos bélicos lejanos para ti, pero para quienes viven allá es una dolorosa realidad cercana una guerra donde los edificios se desploman bajo las bombas y donde esa gente encuentra una muerte horrible. Y las víctimas han sido, en el 90 por ciento, civiles, mujeres, ancianos, niños (efectos colaterales).

¿Qué se siente cuando el horror golpea a tu puerta aunque sea por un sólo día? ¿Qué se piensa cuando las víctimas en Nueva York son secretarias, operadores de bolsa o empleados de limpieza que pagaban puntualmente sus impuestos y nunca mataron una mosca? ¿Cómo se siente el miedo? ¿Cómo se siente, yanqui, saber que la larga guerra finalmente el 11 de septiembre llegó a tu casa?”

Gabriel García Márquez

Continuidades…


“Si me quejo a menudo de mis males no es para que me compadezcan – dice Lúder- sino por el infinito amor que les tengo a mis semejantes. Me he dado cuenta que la gente duerme más tranquila arrullada por la música de una desgracia ajena. (Dichos de Lúder / Julio Ramón Ribeyro)”

Lo primero es para que se rían. Pero en las bromas algo de cierto hay y yo encuentro aquí mucho de cierto.

Mucha gente considera que soy excesivamente trágica y probablemente lo sea. El hecho de que aquí despotrique tanto lo prueba. Pero quiero recordarles a los lectores anónimos de este, mi especie de claustro o confesionario, que aquí yo sólo me limito a hacer mis actos de contrición. Es decir, publico para desfogar los pequeños dramas de mi vida cotidiana, y por ello es tan bilioso todo lo que aquí escribo.

No me apetece relatar cosas más alegres sencillamente porque creo que son esas las cosas que debo esconder y salvar para mí misma y además porque no suceden tan a menudo y por ello son tan preciadas.

Así que no se espanten tanto. Definitivamente soy una suicida en potencia, todos lo somos, pero no soy particularmente una suicida.

Dejando estas aclaraciones aparte, ahora sí puedo continuar con mis pequeños desastres.

¿Qué le ha ocurrido a la desfachatada Calamidad?

Poco, nada, la “nada” sí que es más grave.

Tengo ahora 24 años y me siguen temblando las rodillas ciertamente. Sigo confundida, despeinada, aburrida y viviendo como una lata vacía.

Afuera todo el mundo continúa con sus grandes planes mientras yo me rasco la barriga.

La verdad es que ya acabé con la insidiosa universidad –que no tiene nada de universal- y me espanta esto de que todos me reclaman ahora volverme un miembro serio de la sociedad.

Nunca me ha gustado esto de ser seria y ser miembro de algo y sobre todo la sociedad.

Estoy muy sola como una vieja con congoja, y acaricio a mi gato mientras recuerdo que debo lavar el vómito que quedó impregnado en mis pantalones después de una borrachera triste y vacía.

Por otro lado, me he enamorado por enésima vez de un personaje de ficción. Creo que esto demuestra que para alguien como yo es muy difícil sentir amor real por sus semejantes. Siempre me enamoro de personajes de ficción y sonrío estúpidamente, mientras los demás construyen historias emocionales desastrosas que me inspiran a crear una novela sobre sus vidas.

Yo no sé qué tanto va mal conmigo.  Quizá estoy subestimando demasiado al mundo y debería salir más seguido. Pero afuera me aterra todo, me aterro de mi misma, de verme tan terriblemente sonriente, farsante e idealista.

Lo que sí debo reconocer es que he dejado de ser una buena compañera de conversación. He descubierto que no es sano decir mucho de uno mismo y por ello callo y busco escuchar a los demás. Como la gran mayoría de veces me resulta aburrido, todo queda en meros asentimientos y las conversaciones se frustran. Quizás estoy siendo demasiado mezquina, debo solucionar esto de alguna forma.

Escucho ahora mucho a “Flowers from the man who shot your cousin”. Muchas de sus canciones cuadran perfecto con mi estado de ánimo. Es muy cruel esto de percatarse que en la canción de alguien más uno puede ver reminiscencias de uno mismo; pero a la vez es un alivio,  es liberador, uno se siente menos solo siendo un freak o un demente.

La temperatura está bien, la luminosidad todavía me enferma, la fecha del calendario me espanta y mi rostro se ve más compungido de lo normal. Me pregunto si este 2011 se llevará todo lo poco que queda de mi juventud. Siempre me he sentido más vieja de lo normal, pero ahora, creo con certeza que a partir de este año mi reloj le dirá adiós definitivamente a lo poco jovial que tengo en el alma y asesinará al niño que hay en mí.

Siento que poco a poco me vuelvo otra, que para bien o para mal un cambio va a darse en mí.

Me siento triste y feliz. Me siento emocionada y vacía.

Sólo espero un poco de amabilidad…

Espasmos…


Deseo!!, deseo!!, deseo!!, deseo!!, Quiero!!!!, ese es el maldito problema!!!!

 

“La sensualidad es una perra que nos mordisquea los tobillos. Y una perra que sabe muy bien cómo suplicar un pedazo de espíritu cuando se le niega un pedazo de carne”

Friedrich Nietzsche

Escrito alguna vez en el 2009…


Hablando en serio, hablando realmente en serio, puedo decir que si he tenido yo alguna especie de práctica destinada a la repetición durante todo mi tiempo de desperdicio en este extraño planeta cuadrado, ha sido la práctica de evadir cosas.

¡Soy experta!, la cosa es así: si a mi me espantan, me vienen las arcadas y me pongo verde, y con los cabellos parados salgo disparada, no hay más. En eso consiste el evadirme.

Resulta que soy del tipo de personas a las que les ocurren las cosas más inverosímiles del mundo. Precisamente me pasan cosas inversamente proporcionales a las que quiero, o sencillamente, para ser más precisa, ocurre lo que deseo pero en un modo grotesco.

Mi vida es una broma, yo una caricatura.

Pero con el objeto de sobrevivir, de alejar el cañón helado que siempre he tenido pegado en la sien; con el objeto de triunfar la partida bufonesca que tengo con la humanidad y el mundo entero, es que he tratado de sobrellevar todo esto.

Me he atado la cadena gruesa y falsa de las responsabilidades y de la rutina.

Ahora hago, con cierta apatía, las cosas que debo hacer aunque odie hacerlas,  aunque prefiera tomarme un buen vaso de whisky, quitarme los zapatos y observar por mi ventana cómo el mundo se acaba.

Claro que no es tan cierto que odio todo lo que hago, hay de vez en cuando cosas interesantes. Pero no motivan precisamente mi temple, sólo lo estabilizan para que yo pueda participar en este teatrito barato. He ahí el por qué evado tantas cosas,  sencillamente porque los eventos donde discurro no son convenientes para cumplir mi plan, me deforman más y hacen las cosas más terriblemente insoportables, así que las evado y salto con gracia como haciendo alguna pirueta de ballet, algo así como en el Cascanueces.

Pero en fin, hoy es lunes, y son algo así como las 9.35 de la mañana. Estoy completamente derretida y me he vuelto un ente deforme sobre mi silla de oficina. Estas son las causas del aburrimiento. Mi jefe decidió irse de vacaciones por un mes y me dejó muy pocas cosas por hacer, así que ahora tecleo los reportes legales (ya que es lo único que me queda) mientras me voy ahogando.

Uno de los fluorescentes que cuelgan sobre mi cabeza empieza a parpadear incesantemente, esto me produce jaqueca. Pienso en canarios amarillos con las vísceras hacia afuera entre las uñas de un tierno gato; pienso en las rodillas de un mono; en platos de café triangulares; pienso en los gemelos fantásticos; pienso en que quisiera pasar por una abducción extraterrestre; pienso en fumar mientras le saco la lengua al cartelito que me indica que aquí adentro está prohibido.

De todas formas esto es solo el detalle decorativo de mi día: las ironías. Las ironías hieren mi personalidad incesantemente inconforme y contradictoria en un sitio donde se ha dado por sentado que no puedo ser más de lo que soy, ni puedo obtener más de lo que tengo, o sea que el deber moral en la existencia probablemente sea el aceptar ser mediocre y buscar estúpidamente ser feliz con ello.

Soy mediocre ahora, soy terriblemente trivial, soy frívola y me he deshecho de mi emocionalidad…. ¿porque entonces sigo sintiendo todo este desagrado?, como si el mundo oliera a cabezas de pescado podridas, ¿Por qué?

Ayer medité un largo rato cuando me sorprendió la lluvia retrasada e ingrata de la temporada, y saque conclusiones divertidas y lógicas:

A mí no me quiere nadie y yo no quiero a nadie.

Por eso es fácil moverme entre la gente, reír, tomar una copa de vino.

“Nosotros no hablamos de amor, nosotros sólo queremos emborracharnos”

Porque estar borracho nos ayuda a procesar la escena un poco mejor. Aparcarse en la inconsciencia nos deslinda de la existencia, al menos un rato.

Y allí termina todo lo poco trascendental por decir.

Tengo un dolor agudo en la rodilla derecha, una pereza infinita y un pesar inmenso por estar atorada en un lunes sin esperanza de cambio. Las rutinas son una constante en mí y lo carnavalesco sigue adornando mi cerebro.

Aún con todo lo que he dicho, hoy y sólo hoy, me siento un poco como Bambi creo.

Necesito de esta mofa de mi misma, de esta exagerada queja existencial, para sentirme un poco mejor. Es algo así como los críos emos que se agujerean las muñecas, me hace sonreír un poco aunque suene poco creíble. A decir verdad todas estas cosas me hacen sonreír ahora que mi cuerpo se vuelve como el de la rana René (lo juro).

¿Qué se puede decir de esto? Poco, nada, estoy sumergida en la trivialidad.

Me quedan las escenas extrañas y la copa en la mano. Podré arreglarme la corbata imaginaria y recitar con solemnidad: Brindo por la coraza que tengo en el pecho, porque yo nací (y así lo diría Vallejo) un día que Dios estuvo enfermo, grave.

Y todos bailaran canciones incomprensibles, y compartirán los mismos gestos amables y falsos.

Y mi alma terminará como un queso suizo, agujereada.

Pero nada de eso realmente importará porque al final, con cancioncita trágica de fondo, encías ensangrentadas y gente que sonríe demasiado, yo cruzare las piernas y diré (como si dijera alguna cosa importante, profunda y de gran esfuerzo filosófico): A mí no me quiere nadie y yo no quiero a nadie… ¡Banzai!

The world kicked back a lot fucking harder…


Es fácil odiarme, vamos!, te entiendo

Es fácil, odiarme, sonreírme, besarme y  golpearme en la espinilla, agarrándome desprevenida

O aventándome algo por la espalda

Dándome en los dientes…

Hasta verme sangrar y sangrar

Yo entiendo, y lo tomo todo con una sonrisa

Como alguna estúpida cristiana, dando la otra mejilla, creyéndome merecedora de cada golpe, de cada expresión de desprecio y de rencor

Yo lo entiendo

En el fondo me gusta que me odien

En el fondo, cuando me llevo bien con alguien, mi cerebro empieza a fabricar las expectativas del futuro

Del momento en cuando ese alguien empezara a odiarme

De la misma forma como es natural el vivir y respirar, y el pecar y miccionar

Yo entiendo tu odio, y te odio también a mi manera

Me pasa por dar el primer golpe siempre

Y como dijo alguien, el mundo regresa las patadas con una fuerza más jodida….

No puedo hacer nada, tú me odias y esto es todo

Perdón.

Confesiones Peligrosas


“I’m sick of it. I’m sick of not having the courage to be an absolute nobody.”

Soy alguien bastante hipócrita. Critico a la vara de la que me sostengo, critico a los dedos de mi mano que sujetan esta vara y critico a la extraña voluntad de sostenerme. Pero sigo sosteniéndome, no puedo evitarlo, y a veces –no muy pocas veces- un extraño impulso quiere llevarme hacia arriba…a pesar de que siempre he sido partidaria del abismo.

¿Será que me estoy volviendo ambiciosa? Ciertamente lo fui alguna vez, pero sucedieron muchas cosas y me dije, arrogante y pusilánime “si no tengo todo, no quiero nada”, y de allí supuestamente me he dirigido a la nada. Pero ahora….hay algo dentro de mi tórax  que empieza a darme comezón; hay algo, alguna especie de ruido incesante en mi cabeza… ¿“anhelo” quizá?

Tengo miedo…

Este es el problema de querer cosas; aunque sean cosas bastante fútiles…uno se obsesiona con tenerlas, con el proceso de perseguirlas,  y uno siempre termina herido, golpeado, exhausto. Mi naturaleza de cobarde me ha tenido en alerta con estas cosas….por eso mi obsesión con la nada…

Esto no tiene sentido alguno. El reloj suena, estoy obligada a ser alguien sin ser nadie…se avecina la sentencia, aquella que me dijo alguien hace mucho tiempo, y debo enfrentarla, como una foca jugando con una pelota usada, que no es mía, sino de alguien más: “ellos me ven con mis posturas de ser nadie y se preguntan quién soy; entonces en mis formas de nadie debo ser alguien y eso me pone muy triste”

Debo ser alguien, o me borrare….ahora sé que me borrare, y que no quiero ser borrada…y que finalmente no quiero borrarme a mi misma…

Game over,  ¿no?

Voy a dejar de escribir porquerías inservibles. Voy a ser alguien pragmático y útil, como lo son las prostitutas, pero con un traje.

Voy a arrugar la frente para defender cosas en las que no creo….porque mi mano se niega a soltar esta vara y porque mis pies ya no soportan el estar suspendidos sobre este abismo….

Voy a llegar a vieja, y voy a venderme un poquito, para comprarme una casa, un gato y algún abrigo bonito.

Muddy thoughts


“Soy un hombre libre… y necesito mi libertad. Necesito estar solo. Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía, sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía exclusiva de la música de mi corazón.

¿Qué quieren de mí?. Cuando tengo algo que decir, lo digo. Cuando tengo algo que dar lo doy.

¡Su inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago! ¡Sus cumplidos me humillan! ¡Su té me envenena! No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante Dios… ¡Si existiera!”

H.M

No estamos en primavera. Por el contrario hace un frío inmenso, un frío tan terrible que me ha enfermado despiadadamente e incontables veces estos últimos meses.

Hace unos días iba yo manejando el auto y de pronto, para añadir pequeños desastres a mi vida cotidiana, me quede parada, con el motor estropeado, en el frío,  fumándome un cigarrillo, lamentándome con la idea de que si dios realmente existe, me odia, me odia muchísimo y es mi archienemigo.

No  han ido bien muchas cosas. Pero he aprendido a sobrellevar todo, mostrando bien las muelas en una especie de mueca inclinada para que nadie me haga preguntas embarazosas y yo permanezca tranquila y encajando muy bien en mi papel de estúpida.

No entiendo que tanto pasa por mi cabeza. La vida pasa frente a mí mientras yo continúo fumándomelo todo, en un invierno que no quiere terminar, sola, majadera y tonta.

Como dije ya, no es primavera. Pero el mundo parece estar inmerso en una especie de danza de apareamiento. Todos los que conozco andan emparejándose, mientras yo sólo alcanzó a mantener mis fijaciones trascendentales en alguna botella de ron o en las cosas que me hagan no tener nada que ver con nada.

Específicamente en eso ando, eludiendo cosas, haciéndome la fantasma, pasando desarpercibida. Me he dado cuenta de que por naturaleza yo no soy de las personas que puedan tener algo que ver con algo.

Y mientras todos se arrancan los pelos por los resultados electorales y hacen gárgaras con discursos emocionales, yo me encojo de hombros y me chupo mi último cigarrillo con mucha pena y lástima por la nueva actitud de conformidad que he adquirido en estos últimos tiempos.

No hay cosas muy brillantes ni ninguna forma de absoluto, y las actitudes heroicas me dan comezón. Entonces así, muy despeinada, y muy como quién no quiere la cosa, me sueno la nariz y suspiro tratando de no pensar en nada, enfocándome en el dolor de mis mejillas, que son golpeadas por este frío absurdo como si fuera alguna forma de demostración de cómo los dioses imaginarios me escupen en la cara.

La gripe, ha tenido algo de bueno en todo esto. Me ha obligado a permanecer en casa y a no salir a beber. Beber se ha vuelto algo desgraciado para mi, desde que me embriaga muchísimo más rápido que antes y me fuerza a perder la compostura y el estilo.

Así que aquí he estado. Salí a caminar un par de veces, porque como Childish dice “antes o después todos tenemos que volver a pisar la calle, ese extraño lugar de encuentros y pérdidas, ahí donde eventualmente todo debe pasar”. Además las obligaciones me fuerzan a dar la cara, y es inevitable al fin al cabo. Pero nada nuevo discurre allí, salvo el tono telenovelesco con el que  el resto anda manejándose, todo es increíblemente igual, forzado y engañoso, me da pánico la calle.

No sé si me he vuelto más cínica o he llegado al punto de dejar de sentir verdadera simpatía por el todo. Pero es que verdaderamente es algo que ya no puedo definir en palabras.

Mi cabeza se ha vuelto más silenciosa, ciertamente, ya no hay voces incitándome a decir esto o aquello o a escribirlo o a escupirlo o a darle forma en un juego de prosa patética.

Como si estuviera yo sumergiendo mis pies desnudos en un enorme lodazal helado. Los agito bien y abro los dedos para sentir el lodo pasando entre ellos, pero esta tan frio que me los entumece, y ya no siento nada. Aunque los agite con fuerza y rapidez, ya no siento nada…

Maquinaciones nocturnas


Ya verás, bastardo!, voy a diluirte en mi taza de café, en mi vaso de whisky, en mi determinación de las 10

Apagaré mi cigarrillo sobre la penosa reminiscencia del “tal vez”

Voy a deshacerme de ti, para recoger lo poco que queda de mi sucia dignidad, aquella que nunca me ha querido servir, jamás

Voy a morderme la lengua, hasta que quiera entender

Entonces no habrá más preguntas, sino la verdad más pura

La frialdad natural de hacerse el loco, de mostrar las muelas amarillas y continuar

En este juego enfermo que es el vivir, sin saber muy bien por qué ni para qué

En este juego macabro de ponerle flores al cadáver de uno mismo cuando tenía 16

Crunch, crunch…


Estoy sentada frente a mi computadora, esperando para fingir que digo cosas importantes, masticando chifles y conectándome y desconectándome, aguardando a que el bastardo con el que fingiré que digo cosas importantes aparezca.

No aparece, así que beso a mi gato y me quedo aquí un rato, saboreando mis chifles, siendo muy mundana.

Los días han ido sin ningún tipo de significancia, tirando de mí de aquí para allá, abusando de mí como acostumbran

Me siendo más torpe de lo normal, es la verdad. Pero no hay nada que hacerse ni que decirse al respecto.

Así que giro en mi silla giratoria, me hurgo el ombligo y trago mis chifles, feliz, complacida y como tonta.

Escucho una canción patética, de alguien muerto, que seguro la cantaba para quien no amaba. Y me pongo emocional y se me caen los chifles y me quedo en el piso enojada y exasperada.

Tengo un poco de arrepentimiento. Por ser malvada, por haber sido tan malvada.

Tengo un poco de arrepentimiento por las cosas que dejé en suspenso en el pasado.

Ahora soy tan otra y tan estúpida que no me sirve de nada.

Ahora soy tan arrogante y tan mentirosa que ya no me importan muchas cosas.

Me meto 20 chifles a la boca y suspiro recordando a mis viejos y abandonados cigarrillos

Me pongo de pie y grito en voz alta, para ti, que no me lees y que no estás aquí:

“Donde quiera que estés, sostente.

Donde quiera que estés, sólo sostente.”

Tic-Toc


Mister, tell me something. Do you understand the implications of have hands and feet? Someday this will not have sense, someday…..what day is today?

Tic tic tic

Toc toc toc toc

Tic tic

Tac tac

¿está usted allí?

¿oye algo?

¿está usted allí?

¿Vive allí?

¿Seguro que vive?

¿allí?

Veinte mil niños en fila india, moqueando, con una faja en los sesos

Veinte mil niños en fila india, moqueando, con caramelos en el cerebro

Veinte mil niños en filia india con barbies y gi joe’s teniendo sexo

Una enorme tv nos transmite el fastidio

Escupo en la calzada, me vuelvo tísica, pero en la tv siguen bailando, ante veinte mil niños

Bailar es lo más común en este lugar, entre mentiras bochornosas y existencias pavorosas

Tic tic tic

Tac tac tac

Mi bolita de cristal dice que nos vamo’ a condenar.

Mi pañuelo de mentira


Yo no tengo la letra bonita

Ni bonitas maneras

Ni soy bonita

Hago trazos grotescos y lleno mi boca de flema cuando empiezo a maquinar una mentira

Y entonces, convirtiendo en gorgojos mis ideas invertidas, disparo y hasta respingo las narices, para luego ocultar el rostro ruborizado, tapando los posibles lugares de futuras heridas

Sí, yo sigo temblando, sin tener la letra bonita, sin tener buenas maneras y sin ser bonita

Tiemblo en mi absoluta insignificancia y con un orgullo lamentable, magullado y lamentable

Me atrevo a afirmar que al menos soy esto y no soy lo otro, y que me gusta que la palabra “bonita” no quiera acostarse conmigo

Luego me quejo, como una niña chiquita. Digo que ya estoy muerta, que no me quiere nadie y hasta moqueo en un pañuelo imaginario como si fuera yo una damita

Ya nadie vendrá a visitarme, soy una persona peligrosa, digo porquerías

Ya nadie querrá darme algo sin robarme un poco antes, sin obligarme a decirle una mentira

Y yo grito ¡Al cuerno!, no tienen nada más que robarme, no tienen nada más que pedirme, no tengo nada más en que mentirles

Y al final me quedo aquí, de cuclillas, arrugando el rostro y sonriendo ante el incierto, con mis veinte cigarrillos y mi fea letra y mis feas maneras y mi pañuelo de mentira.

Conversaciones con té verde


A chicken  can only communicate with other chickens

Soy una malcriada y una antojadiza. Lo sé. Ando escupiendo encima de todo y rugiendo.

“No tengo la culpa de ser tan así”, me digo. En realidad en el fondo estoy satisfecha por no ser tan como otra cosa.

La verdad, me gusta ser una malcriada. Me gusta decir la verdad.

Me gusta esto de no fiarme de nada, ni de tener esperanzas. Me siento más segura con el viento dándome en la cara y enredándome los cabellos.

No sirve de nada tener esperanzas si el mundo va a estafarte. Eso es lo que he decidido y esto es lo que digo.

“Pero el mundo no está preparado para la verdad”, me dice mi cruel amigo, bebiendo su té verde, y me sonríe con displicencia mientras yo le odio, le odio mucho. Odio mucho su compostura y estilo, su imperturbable porte y sonrisa, como si fuera un falso gentleman con los zapatos lustrosísimos.

“¿A quién le importa si está preparado o no?, a veces es necesario ser radicales y atragantar a los niños con la sopa. A mí me atragantaron. Considéralo una retribución de mi parte a esta dulce sociedad que tanto defiendes”, le respondo.

Mi amigo, o el que yo creía mi amigo, sonríe y vuelve a sorber entre los hielos el poco té que le queda. Permanece callado, mirando al frente, observando el ir y venir de los autos. Ridículamente inclina la cabeza un poco hacia la derecha, como si hubiera escuchado de pronto a un pájaro defecar. Luego me mira, con insolencia, como si se hubiera tomado mis palabras muy en serio –lo cual es básicamente improbable- y con cara de búho lector me dice:

“No está bien que saques conclusiones apresuradas cuando estás tan molesta, y sobretodo que las publiques. No está bien, aunque lo hagas con ánimo de broma, que lances discursitos absurdos sólo porque crees que tienes un punto más valioso que toda la sarta de mortales que nos atrevimos a dirigirte una palabra”.

Me quedo perpleja, ofendida, y realmente malhumorada con los ojos bien abiertos, como un par de platos. Aprieto los puños y mi cerebro empieza a trabajar, empiezo a juntar todas las palabras apropiadas, empiezo a inyectarlas de hiel, empiezo calcular las frases perfectas para demostrar mi brillante lucidez….pero entones, mi ahora confirmado ex amigo me interrumpe y me dice:

“Ya no tienes la excusa para esta interpretación tan penosa. No tienes la excusa de la crisis existencial adolescente para que todos asintamos y digamos <ya>” me escupe con fervor, mientras sonríe como si se hubiera convertido en Buda y su cabeza semi calva hubiese pasado por un proceso de iluminación glorioso el cual insectos como yo no experimentaremos jamás.

“¿Porqué tendría que tener yo una excusa?, ¿por qué la gente debe ser tan falsa y vulgarmente susceptible con algo tan poco trascendental?” Le respondo, tratando de calmarme.

“Pero, chica, esa pregunta a ti no te corresponde, lo que te corresponde es esto de seguir en el juego, haciendo los cálculos correctos. La vida de otros no es de tu incumbencia, no necesitas del escándalo para hacerte notar”

Me quedo sentada totalmente convencida de la nueva enemistad que acabo de ganar. Sonrío y digo que tengo que irme, con pena y fastidio. En el camino prendo un cigarrillo y voy entendiendo ya lo solitario que será esto. Se me viene a la mente una frase de Childish:

“Mi corazón se retuerce en mi pecho encogido por el frío y la cruel adversidad de la vida que parece perseguirme constantemente para darme una buena paliza”